martes, 21 de junio de 2011

Somos los únicos culpables de la manipulación.

El caso de las imágenes de Grecia por parte de Telemadrid; el manifestante que perdió la cabeza o los constantes intentos de vinculación del movimiento #15M de La Razón; o la falta de ética periodística en las portadas de algunos diarios con motivo del #19J no son más que una pequeña muestra de la constante que vivimos. Pero ¿es toda la culpa suya?
Veo como día tras día este tipo de situaciones se repiten y pienso: "¿es que no tiene ningún tipo de repercusión?"

domingo, 19 de junio de 2011

Cómo dijo el poeta:

"...Libertad o prisión donde quieres que
los años te visiten después, ¿a quién quieres de juez?
yo no quiero ser un desgraciado anciano en peligro,
que ve la tele sentado sobre una pila de libros
y que mira el cielo nublado soñando un cambio de siglo, tumbado en la cama..."

Días de furia.


Impresionante lo que se ha conseguido en Madrid. Espero que en Sevilla estemos a la altura.


Y es que hoy es un día para indignarse más que nunca. Hoy no es cuestión de ideologías o colores, de ser "revolucionario" o no,... es cuestión de que siempre se enriquezcan los mismos -entre los que no estamos ni tú ni yo-, y de que SIEMPRE lo hagan a costa de los mismos -entre los que estamos, o estaremos, tú y yo-; es cuestión del continuo mangoneo al que estamos sometidos por ciertos mandatarios, organizaciones, entidades y países; es cuestión de la manipulación constante por la que nos vemos envueltos; es cuestión de que quieran engañarnos constantemente. Ahora, diciendo que el pacto es una solución a la crisis. ¿La crisis? La crisis que ELLOS han traído y por la que sufrimos NOSOTROS, de la que nos sacarán, o no, a base de apretarNOS el cinturón -y el cuello- más si cabe. La crisis.
Hoy es un día para indignarse más que nunca.

De lobos como corderos: #19J



Cómo muchos sabréis, hoy se celebra la reunión que promete ser nuestra salvadora; la reunión que hará, según Merkel, y mediante la firma del llamado Pacto del euro, que podamos hacer frente a la crisis, a preservar la estabilidad financiera y establecer los fundamentos de un crecimiento inteligente, sostenible, socialmente integrador y creador de empleo. 

¡Precioso!

Aunque, como de costumbre, falaz. Observemos un poco el pacto:

Para lograr objetivos se han establecido cuatro puntos fundamentales que determinarán la política económica a emplear por parte de los gobiernos nacionales.
  • Impulsar la competitividad. Lo que se traduce en bajar los precios. Genial, ¿no?. Bueno, al menos hasta que nos enteramos de que esto solo se consigue por medio de una bajada de los salarios, creando así la necesidad de controlar los llamados costes laborales unitarios. Estos son el resultado de dividir los salarios nominales entre la productividad y, para bajarlos, o se reducen los salarios nominales o se aumenta la productividad. El pacto tiene propuestas para ambas medidas:

    Para bajar los salarios nominales recomienda reformas como:

    - “Revisión de los acuerdos de fijación de salarios”, para restringir sus posibles subidas.

    - “Revisión del nivel de centralización del proceso de negociación” y, así, reducir el poder negociador de los trabajadores evitando que pudieran presionar al alza los salarios en defensa de su capacidad de compra. Como sabemos, cuanto más centralizado esté un sistema de negociación colectiva más trabajadores participaran en la negociación y, por tanto, más fuerza obtendrá dicho sistema. Sin embargo, a mayor descentralización de la negociación -cómo pretenden nuestros amiguitos y colegas europeos- más difícil resulta a los trabajadores defender sus derechos o conseguir salarios más elevados.

    - “Garantía de que la fijación de salarios en el sector público contribuye a los esfuerzos de competitividad en el sector privado”; esto es, que los sueldos de los trabajadores públicos se reduzcan para que no puedan servir de referencia al alza a los trabajadores privados.
Como vemos, el pacto resulta doblemente empobrecedor: Por no basar su actuación en mejorar la calidad o el valor de los productos que ofrecen las empresas, en lugar de igualar a la baja los salarios europeos con el resto de economías del mundo, reduciendo así los ingresos de la población y empobreciendo a los trabajadores de Europa; y porque, además, llevará a pique a la economía europea al reducir, de forma colateral (al reducir los salarios), el gasto que se realizará en Europa: menos ventas para grandes cantidades de PYMES que viven de las compras de estos ahora más empobrecidos trabajadores europeos.


Comprobamos con esto que existe un claro y único grupo beneficiario del Pacto: las grandes empresas globales europeas, las que actúan en un ámbito mundial y que, por tanto, no dependen única y exclusivamente del gasto que se realice en Europa.
    Para aumentar la productividad, el pacto recomienda "Mayor apertura de los sectores protegidos", "Mejorar los sistemas educativos y fomentar la I+D" y "Mejorar el entorno empresarial".
Paradójicamente, y como observaremos en los siguientes puntos, el Pacto acaba yendo en la dirección totalmente opuesta a estas medidas conductoras de nuestro país hacia un estado de bienestar.

El segundo punto fundamental del pacto es:
  • El impulso de empleo. O lo que es lo mismo, partiendo de la incierta base de que el desempleo está provocado por un mal funcionamiento del mercado laboral, llevar a cabo medidas que modifiquen su regulación y estructura; esto es, "fomentar la <<flexiseguridad>>", la "reducción del trabajo no declarado", el "aumento de la tasa de actividad" y la "educación permanente". Sin olvidarnos, claro, de una reducción del coste del trabajo por medio de una "reducción de la presión impositiva sobre las rentas de trabajo"; o lo que es lo mismo, un recorte de las cotizaciones sociales que supondría el debilitamiento del sistema público de pensiones y un aumento en la situación de desigualdad, empobrecimiento y menor gasto.
Todo esto convierte el Pacto del Euro en un lobo como cordero: "busca crear empleo" abaratando el salario y debilitando el mercado de ByS, que depende a su vez del gasto realizado por los trabajadores, como ya hemos visto.
  • El  "incremento de la sostenibilidad de las finanzas públicas" sería el tercer punto clave. El pacto subraya la necesidad de garantizar la aplicación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento que obliga a reducir los déficits presupuestarios por debajo de un 3%. Para esto, se aconseja reformar el sistema de pensiones, el sanitario y las prestaciones sociales. Curioso, ¿no? Son los gastos que mayor incidencia tienen en el bienestar social. Paradójico de nuevo a mi entender.
Para colmo, para reafirmarse en tales medidas antisociales, el pacto insta a "convertir en legislación nacional las normas presupuestarias de la UE establecidas en el pacto de Estabilidad y crecimiento" con el objeto de asegurar un "carácter vinculante y duradero suficientemente sólido". Proponen incluso la introducción de dicha legislación en leyes marco o en las propias constituciones.
Esta acción totalmente dictatorial, antisocial y antidemocrática supondría no solo un escudo ante posibles alternativas de política económica, sino también el impedimento a los países más atrasados de lograr cualquier tipo de crecimiento al no concedérsele ninguna forma de endeudamiento; esto es, anclarlos a su condición de subdesarrollo.
  • El cuarto y último punto fuerte de este genial pacto toma por objeto el refuerzo de la estabilidad financiera y se centra en proponer un programa de "coordinación de la política tributaria", aunque sin que se determine a priori. Los estados únicamente se comprometerían "a entablar debates estructurados en torno a la política tributaria". Un gran avance, ¿verdad? Esto es lo que, en román paladino, se conoce como "Ná de ná". Aunque deja un aroma de evolución hacia un tipo de economía más productiva y sostenible, con un reparto más justo de la renta, así como hacia una lucha contra el fraude y la evasión fiscal, un aroma que se desvanecerá como tal.
En lo que a la regulación bancaria se refiere solo se afirma que "efectuarán periódicamente pruebas rigurosas de resistencia bancaria". ¿Repito la traducción al román paladino? O ¿recordamos las afirmaciones de que los bancos irlandeses se encontraban en perfectas condiciones, justo antes de tener que ingresarles una buena dosis de capital para reanimarlos?

Creo que queda bastante claro en qué dirección va el pacto, así como su condición de bonito envoltorio para el tantō con el que nos haremos el harakiri.
Para colmo, la firma del mismo no es si quiera voluntaria, sino que constituye una bajada más de pantalones ante la todopoderosa Angela Merkel, que valientemente nos salvará de las garras de los hambrientos mercados -valientemente si firmamos, claro-. Todo muy democrático, como acostumbramos.

jueves, 16 de junio de 2011

“El movimiento 15-M debe gestionar la enorme energía que ha liberado”



Comparto totalmente esta opinión.
A mi juicio, el 15M debería echar la vista atrás buscando el que fue su fin primero y reordenarse, concentrando su fuerza en función de dicha causa-origen.
Esta serie de acciones que vemos día tras día no hacen otra cosa que desvirtuar la propia imagen del movimiento, manchando y destruyendo el importante pensamiento con el cual surgió todo. Además, a mi modo de verlo, el extremo al que se están llevando ciertas ideas no deja de ser extrapolar esa falta de democracia de la que nos quejamos; en esta guerra no deberíamos tolerar el "todo vale", así como tampoco deberíamos olvidar que "mi criterio", no deja de ser eso: mío.

miércoles, 15 de junio de 2011

¿Seré yo?



Sabes de esas veces en las que, mirando alrededor y viendo que nadie comparte tus principios, piensas: "¿seré yo? quizás estoy fuera de época y de su pensamiento"...

No, no creo que lo sepas.

¿Por qué no pruebas a hacerte preguntas? Es más sano que seguir y apoyar causas por el mero hecho de que es lo último, lo que se lleva, los inicios de una revolución que cambiará el mundo y que, si bien el fin primero es bueno, queda empañado por el vaho de cientos de voces gritando a la vez, aunque no al unísono.

sábado, 11 de junio de 2011

El hombre de las cavernas.

Esta mañana, tras una semana en la que a penas he podido prestar atención las novedades en las redes sociales de las que me nutro, he visto en Facebook una foto publicada por mi antiguo profesor de Ciencias para el mundo contemporáneo, Fernando, que me ha llamado la atención y me ha hecho reflexionar. No he sido capaz de resistirme a aparcar un instante el trabajo de lingüística en el que debería estar trabajando como un loco, ya que voy a contrarreloj, y compartirla con los lectores de mi blog (mis padres, yo, y... Bueno, yo releo mucho.)

La foto en cuestión es esta:

Por un momento, he pensado en un hombre de las cavernas; un solitario, recluido y alejado de todo contacto con el mundo, de todo contacto con la civilización. No sabe nada de sus costumbres, sus gustos, sus ideales,... un ermitaño.
Lo he imaginado abandonando su cueva y, por alguna de esas casualidades que a veces ocurren en el mundo, viendo, como yo esta mañana, la foto: Podría pensar que proviene de una sociedad pesimista, quizás demasiado crítica; o, tal vez, simplemente piense que el creador de la viñeta está descontento con el actual estado de su país. No lo sé a ciencia cierta.
Lo imagino, pasado unos meses  -¿o días?- en los cuales ha convivido con nosotros, recordando la imagen y riéndose de sus primeros pensamientos sobre esa sociedad que antes no conocía.
Por último, lo imagino regresando a su cueva y colocando una GRAN PIEDRA en la entrada. Una gran piedra hecha de impenetrable cemento que se endureciese no permitiéndole volver a salir. Por más que en un futuro pueda desearlo.