
Cómo muchos sabréis, hoy se celebra la reunión que promete ser nuestra salvadora; la reunión que hará, según Merkel, y mediante la firma del llamado Pacto del euro, que podamos hacer frente a la crisis, a preservar la estabilidad financiera y establecer los fundamentos de un crecimiento inteligente, sostenible, socialmente integrador y creador de empleo.
¡Precioso!
Aunque, como de costumbre, falaz. Observemos un poco el pacto:
Para lograr objetivos se han establecido cuatro puntos fundamentales que determinarán la política económica a emplear por parte de los gobiernos nacionales.
- Impulsar la competitividad. Lo que se traduce en bajar los precios. Genial, ¿no?. Bueno, al menos hasta que nos enteramos de que esto solo se consigue por medio de una bajada de los salarios, creando así la necesidad de controlar los llamados costes laborales unitarios. Estos son el resultado de dividir los salarios nominales entre la productividad y, para bajarlos, o se reducen los salarios nominales o se aumenta la productividad. El pacto tiene propuestas para ambas medidas:
Para bajar los salarios nominales recomienda reformas como:
- “Revisión de los acuerdos de fijación de salarios”, para restringir sus posibles subidas.
- “Revisión del nivel de centralización del proceso de negociación” y, así, reducir el poder negociador de los trabajadores evitando que pudieran presionar al alza los salarios en defensa de su capacidad de compra. Como sabemos, cuanto más centralizado esté un sistema de negociación colectiva más trabajadores participaran en la negociación y, por tanto, más fuerza obtendrá dicho sistema. Sin embargo, a mayor descentralización de la negociación -cómo pretenden nuestros amiguitos y colegas europeos- más difícil resulta a los trabajadores defender sus derechos o conseguir salarios más elevados.
- “Garantía de que la fijación de salarios en el sector público contribuye a los esfuerzos de competitividad en el sector privado”; esto es, que los sueldos de los trabajadores públicos se reduzcan para que no puedan servir de referencia al alza a los trabajadores privados.
Comprobamos con esto que existe un claro y único grupo beneficiario del Pacto: las grandes empresas globales europeas, las que actúan en un ámbito mundial y que, por tanto, no dependen única y exclusivamente del gasto que se realice en Europa.
- Para aumentar la productividad, el pacto recomienda "Mayor apertura de los sectores protegidos", "Mejorar los sistemas educativos y fomentar la I+D" y "Mejorar el entorno empresarial".
El segundo punto fundamental del pacto es:
- El impulso de empleo. O lo que es lo mismo, partiendo de la incierta base de que el desempleo está provocado por un mal funcionamiento del mercado laboral, llevar a cabo medidas que modifiquen su regulación y estructura; esto es, "fomentar la <<flexiseguridad>>", la "reducción del trabajo no declarado", el "aumento de la tasa de actividad" y la "educación permanente". Sin olvidarnos, claro, de una reducción del coste del trabajo por medio de una "reducción de la presión impositiva sobre las rentas de trabajo"; o lo que es lo mismo, un recorte de las cotizaciones sociales que supondría el debilitamiento del sistema público de pensiones y un aumento en la situación de desigualdad, empobrecimiento y menor gasto.
- El "incremento de la sostenibilidad de las finanzas públicas" sería el tercer punto clave. El pacto subraya la necesidad de garantizar la aplicación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento que obliga a reducir los déficits presupuestarios por debajo de un 3%. Para esto, se aconseja reformar el sistema de pensiones, el sanitario y las prestaciones sociales. Curioso, ¿no? Son los gastos que mayor incidencia tienen en el bienestar social. Paradójico de nuevo a mi entender.
Esta acción totalmente dictatorial, antisocial y antidemocrática supondría no solo un escudo ante posibles alternativas de política económica, sino también el impedimento a los países más atrasados de lograr cualquier tipo de crecimiento al no concedérsele ninguna forma de endeudamiento; esto es, anclarlos a su condición de subdesarrollo.
- El cuarto y último punto fuerte de este genial pacto toma por objeto el refuerzo de la estabilidad financiera y se centra en proponer un programa de "coordinación de la política tributaria", aunque sin que se determine a priori. Los estados únicamente se comprometerían "a entablar debates estructurados en torno a la política tributaria". Un gran avance, ¿verdad? Esto es lo que, en román paladino, se conoce como "Ná de ná". Aunque deja un aroma de evolución hacia un tipo de economía más productiva y sostenible, con un reparto más justo de la renta, así como hacia una lucha contra el fraude y la evasión fiscal, un aroma que se desvanecerá como tal.
Creo que queda bastante claro en qué dirección va el pacto, así como su condición de bonito envoltorio para el tantō con el que nos haremos el harakiri.
Para colmo, la firma del mismo no es si quiera voluntaria, sino que constituye una bajada más de pantalones ante la todopoderosa Angela Merkel, que valientemente nos salvará de las garras de los hambrientos mercados -valientemente si firmamos, claro-. Todo muy democrático, como acostumbramos.
2 comentarios:
Eres de Bollullos?
Si señor.
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