lunes, 11 de abril de 2011

El todo vale de la libertad de expresión.

El "todo vale". Ese es el punto al que parece que hemos llegado pasando de vueltas un derecho intrínseco del ser humano.
¿Pretendíamos esto cuando se recogió en la Declaración Universal de los Derechos Humanos? Yo creo que no.
Desde que nací he crecido bajo la enseñanza de este precepto de 
Sartre; uno de los mejores que me han podido inculcar: 
"Mi libertad se termina donde empieza la de los demás"
Y no es que naciese hace mucho. Sin embargo, me asombra ver como otros, que si que lo hicieron, parecen nunca haber oído hablar de algo tan simple como LA LIBERTAD... de los demás, claro. La suya si que la conocen. Así, a diario, oímos como con total impunidad y vileza, se calumnia y se arremete contra cualquiera. Y no hablo de un par de amigos charlando mientras se toman un café, no. Hablo de políticos, periodistas, escritores,... en fin, gente que llega - o cuyo fin es hacerlo - a masas, y cuya repercusión puede ir a más que la del comentario intrascendente y, a menudo, carente de base durante café matutino en un bar cualquiera.

Quizás deberíamos de replantearnos ciertas cosas que, ya, incluso hemos naturalizado y ni nos chocan. Porque esa naturalización, hace de todo esto un hecho aun más grave. Quizás...

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